ONUVA: Un regalo de Dios

Llegué a Onuva por casualidad, aunque ahora después de todo lo vivido pienso que fue Dios el que me trajo a este lugar.

Yo quería ir a Níjar pero cuando me fui a inscribir no había plaza, entonces nos mandaron un mensaje diciendo que necesitaban a dos coordinadores para guiar la experiencia de Onuva, así que le propuse a mi amigo Curro ir conmigo y él me dijo que sí, comenzando de este modo nuestra aventura.

Yo no conocía Onuva, estaba muy nervioso porque nunca había guiado un grupo para vivir una experiencia de este tipo.  Pero en el momento en el que llegamos a este sitio tan lleno de paz, y nos topamos con Rosarito, la primera residente que vimos, supe que todo iba a salir bien.

A lo largo de la experiencia he podido observar muchas señales que me han servido para reafirmar mi fe que se estaba debilitando poco a poco con el transcurso del verano y  confirmar que yo tenía que estar en este lugar y vivir esta experiencia.  La primera de estas señales sucedió apenas unos minutos después de llegar cuando Cipri, futuro hermano de la comunidad, me llamó por mi nombre y me dijo que ya me conocía. Yo me quedé de piedra, ¿cómo es posible que me conociera una persona que yo jamás había visto ni había escuchado hablar de él? Resulta que era amigo mío en Facebook y yo no lo sabía. Este “nuevo amigo de Facebook” se convertiría al final de la experiencia en un muy buen amigo de la vida real. Dios ya me lo había puesto en mi camino antes de comenzar la experiencia. Su testimonio de vida me ha enseñado mucho, ha hecho que cuestione aspectos de mi vida y a valorar cosas que antes no valoraba. Así como me ha marcado el testimonio de Cipri también lo han hecho los de las hermanas, hermanos y matrimonios de la comunidad. Muchos nombres se me vienen en este momento a la cabeza: hermanas Chelo, Ana, Concepción, Amparo, Mari Carmen, Carmen; padres Miguel, Eduardo, Francisco; Amparo, Pepe, Javier, Charo, Mama Fina, Joel… y tantas otras personas que no he mencionado. Su ejemplo de entrega máxima, de felicidad y de amor al prójimo hasta el extremo nos ha marcado a todos.

Otra persona que ha sido un regalo de Dios para todos nosotros y de la que no me puedo olvidar es Ahki, un joven de la India que había llegado a Onuva para aprender español. Él no pertenece a la comunidad de manera formal pero él después de 5 meses ya es uno más. Involucrado como el que más en la comunidad, dispuesto a hacer todo lo que se le mandase y siempre con una sonrisa en la cara. Bueno de corazón, humilde, simpático, generoso… todos los adjetivos se me quedan cortos. Pienso que nuestra visita le vino muy bien, aprendió mucho español con nosotros y además como él nos dijo somos sus primeros amigos españoles y eso nos llena de orgullo y satisfacción. Esta amistad perdurará para siempre. Personas como él y como todas las que forman parte de la comunidad son las que el mundo necesita. También hemos tenido la suerte de coincidir con diferentes hechos que han ocurrido durante nuestra estancia. Empezando por la ordenación del hermano Elmer en la catedral de Sevilla, la celebración tras su llegada fue increíble. Buena comida y bebida, cante flamenco, sevillanas… hicieron de esa noche un momento muy especial. El siguiente hecho que presenciamos fue la canonización de la hermana Teresa de Calcuta otro ejemplo más de entrega, amor y lucha por la pobreza.  Por último coincidimos con el cambio de párroco de la Puebla del Río, presenciando su primera eucaristía en la nave reconvertida en iglesia de Onuva junto con los residente, momento que tampoco se nos olvidará. Momentos que Dios escogió para que nosotros estuviéramos presentes.

También tengo que hablar de los residentes, muchos nombres, muchas caras, muchos momentos se me vienen a la cabeza, Carmelita, Enrique, Asunción, Dorum, Eugenio, Filomena, Nicolás, Manuel Rojas de Coria, Haddy, Franciso, Rosarito, Jesusito, Manuel Jesús, Ramón, Luis Ramón, Francisca, María Luisa, Quitin… Ellos también nos han enseñado muchísimo, es increíble el amor que se tienen entre ellos, la fortaleza que demuestran a pesar de sus dificultades, la felicidad que expresan, el apoyo que se dan unos a otros… Nos habéis hecho muy felices y probablemente hayamos recibido más nosotros de vosotros que vosotros de nosotros, y por eso estamos eternamente agradecidos.

Mañanas al sol quitando hojas, ordenando cajas, ayudando en la cocina o fregando platos. Hemos hecho muchas cosas pero como el tiempo que hemos pasado con los residentes ninguno. En nuestro corazón tenéis ya un espacio.

Por último, me gustaría transmitiros una anécdota que más que anécdota pienso que es otra de esas señales que como antes os he comentado vienen de Dios. Todo comenzó cuando vimos a un pequeño gatito muy bonito en los exteriores de la casa de los residentes. Esos ojos azules nos cautivaron y por eso Curro y yo decidimos llevárnoslo al lugar donde nosotros dormíamos. Durante los días restantes estuvimos alimentando al gato y pendientes de que estuviera bien proporcionándole lo poco que teníamos. Aquél gato llegó incluso a dormir con nosotros por miedo a que otro gato le atacara. El último día lo metimos en una caja junto con un vaso de leche con intención de llevárnoslo a nuestra casa, a Sevilla, le habíamos cogido mucho cariño. Lo pusimos en el coche, cerré la puerta, abrí la ventanilla para que el gato respirara y nos fuimos a por las maletas. Cuando volvimos el gato no estaba en la caja, ¡se había ido! Miramos por todos los rincones del coche, por todos los huecos posibles pero no estaba por ninguna parte, así que nos marchamos de Onuva con la tristeza de dejar a nuestro gatito al que también habíamos llamado Onuva, pensamos que ese era su lugar y que tenía que quedarse allí. Pero esta historia no podía terminar así después de un día y medio recibo un mensaje de mi amigo Curro, abro el mensaje y me encuentro que es una foto, es ¡Onuva! El hermano de Elena se lo había encontrado en el coche después de día y medio. No me lo podía creer, era imposible que estuviera allí en el coche, ni un ruido durante el viaje, ni una señal de que estuviera ahí. Al día siguiente lo recogí de casa de Elena le compré comida para gatos y leche sin lactosa y lo dejé en mi nueva casa de Sevilla con mi nueva compañera, hasta que yo llegue, que gracias a Dios adora a los gatos.

Dios ha querido que Onuva siguiera en nuestras vidas, como si quisiera que todo lo que hemos aprendido y vivido lo llevemos a cabo en nuestras vidas.

Gracias Dios, Gracias Onuva, Gracias Curro, Belén, Micaela y Marina.

Hasta muy pronto.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *