Níjar: que me duela el mundo

Hace unas semanas volví a San Isidro de Níjar. Para los que no lo conozcan, San Isidro es una pequeña pedanía de la provincia de Almería. Lo primero que te sorprende de este lugar es la cantidad de personas subsaharianas y marroquíes que encuentras por la calle. Es como si de repente llegases a un sitio totalmente distinto a lo que estamos acostumbrados. Esto por lo menos, es lo que me pareció la primera vez que puse los pies allí.
Yendo este año, pensaba la cantidad de veces que he estado allí ya, y en todas las personas con las que he compartido momentos en lo que hoy puedo considerar como un hogar. Un hogar porque allí he crecido mucho, he aprendido, he sufrido, he hecho muchos amigos, y he intentado amar más y mejor.
Tengo amigos que me hacen feliz cuando vuelvo, Fall, Modibo, Abraham, Isaac, Ibrahim, Sinka, Yussef, Kuesi, Mamadus… y tantos otros nombres que llevo escritos en el corazón, que he descubierto que nunca termina de ensancharse.
Como decía, al principio todo me parecía distinto: las vidas, los sueños, los sufrimientos, los miedos que tenían con respecto a los míos …me fijaba en las diferencias de nuestras vidas, no era capaz de ver las similitudes. Sentía, y siento admiración por sus fortalezas, por sus luchas, por su voluntad. Sólo era capaz de escuchar y acoger todas las historias que me contaban: jóvenes que había dejado todo arriesgando su vida para encontrar un nuevo lugar en el que empezar de cero y poder sustentar a sus familias. Y que muchas veces sólo habían encontrado injusticia, sufrimiento, dolor, ignorancia y prejuicios. Sólo escuchaba, pero no compartía.

Sólo cuando pude adentrarme en sus vidas, y ellos en la mía, cuando les mostré también mis miedos y mis debilidades, mis alegrías y mis luchas, nació la amistad, y comprendí que no éramos tan diferentes, sino que la vida debido a la injusticia y el egoísmo nos había tratado diferente, y yo sin ningún mérito, sólo por nacer a 14 km de distancia, me había llevado la parte mejor.
Siempre que vuelvo le pido a Dios que derribe todos mis prejuicios y mis muros, todas las vallas que me impiden amar al hermano y me alejan de él. Que los destruya y los transforme en puentes que sean capaces de acoger.

No sé definir lo que es Nijar para mí, creo que nunca podré. Siempre me faltarán palabras…porque hay cosas que sólo pueden entender viviéndolas…Sólo puedo dar Gracias a las mamas, a los morenos y a Dios por permitirme encontrarme con ellos.

Por Belén Marcos

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