Jerez: una experiencia de amar y ser amada

Todo empezó a raíz de una mano joven, una amiga mía que quería volver a vivir una experiencia, pero que por tema de exámenes no podía realizar ninguna de las propuestas. Así fue como Manos Jóvenes abrió un nuevo destino: Hospital San Juan Grande (Jerez).

Para mí, ha sido una experiencia de amar y ser amada. Una experiencia de amar porque todos hemos dado amor a cada uno de los residentes ya fueran de dependencia baja, media, alta o que tuvieran demencia. He servido y he visto cómo mis compañeros también lo han hecho, y cómo los prejuicios de pensar  “este residente es demasiado para mí, yo no puedo acercarme” se convertían en un  “a él es al que más amor le voy a dar”.

Pero no sólo a los residentes sino también en el grupo: el arte de compartir. Para mí, es lo fundamental, hay que cuidar a los residentes pero también nos tenemos que cuidar a nosotros como grupo, porque no hemos ido a realizar la experiencia nosotros solos, sino acompañados, porque un “buenos días”, unas risas en las comidas o “tú puedes” te daba fuerzas para después acudir con una enorme sonrisa a cualquier persona del centro.

También (y creo que lo más importante) ha sido una experiencia en la cual, me he sentido amada. He recibido mucho, por parte de mis compañeros, la oración y los ancianos de dependencia alta (con los que yo he estado) porque me miraban con una mirada de calma, de paz y lo hacían todo lo mejor que podían… Incluso he podido experimentar el  terminar de dar de comer a una señora y recibir un “Qué buena eres”, “qué alegría me das”, eso es recibir amor y un amor que remueve las entrañas.

Es por todo ello que sólo puedo agradecer  y seguir agradeciendo a Manos Jóvenes por habernos permitido el lujo de vivir esta experiencia que ha sido, para mí, inefable.

Por Covadonga Espinosa

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