Fin de año en Níjar

Mi experiencia con las hermanas Mercedarias surge gracias a la asociación sevillana Manos Jóvenes. Decidí venir ya que el tema de los refugiados siempre me ha removido interiormente. Vemos las noticias, reportajes y siempre queremos actuar en ese sentido. Sin embargo, en mi caso me engañaba a mi mismo pensando eso de “Es que no puedo hacer nada desde aquí” o por simple pereza me justificaba diciendo “Es que no tengo tiempo”.  Al final, gracias a Dios me decidí a salir de mi zona de confort dejando para otro momento el esperado descanso de las Navidades y el volver a casa con los míos. Algo me decía que se me necesitaba allí, en San Isidro.
Durante la experiencia, ayudamos a las hermanas Mercedarias en todo aquello que necesitaron, que no es poco. Por ejemplo, organizamos el material recibido de donaciones: banco de alimentos, particulares que donan comida, muebles, ropa…etc. Hacen falta muchas manos y sobre todo mucha energía.
Tambien ayudamos con las clases de español y visitamos los hogares de familias con dificultades económicas a los cuales les entregamos estos alimentos, ropa o juguetes…
Es sobre todo en estas últimas tareas cuando más oportunidad tenemos de hablar con estas personas y conocer más sobre sus vidas. Nos reciben en sus hogares con las mayores de sus sonrisas y hablamos con ellos. Con muchos compartimos experiencias e inquietudes de tú a tú. Al final, en pocos días se convierten amigos. Amigos a los que admiro. Me sorprenden su valentía de dejarlo todo atrás por un sueño, lo agradecidos que son, su generosidad… Pero sin duda las dos cosas que a lo largo de la semana me llamaron más la atención fueron sus imborrables sonrisas así como su fe férrea pese a las dificultades que han podido sufrir en el camino. Es difícil describir estas sensaciones, para mi ha sido como quitarme una venda que me tapaba los ojos y no me dejaba ver más allá de mis preocupaciones y tonterías diarias.
Muchas de las reflexiones interiores surgen durante el día y son compartidas en los momentos de oración. El apoyo que recibimos por parte de las hermanas que nos escuchan y nos guían interiormente durante toda la experiencia hace que esta sea mucho más enriquecedora. Ellas nos animan a que extrapolemos lo vivido a nuestra vida cotidiana y a que no se quede solo en Níjar.
El poder ponerle cara a una realidad como esta me ha hecho pensar mucho sobre cuáles son mis principios y si actuó en consecuencia o no. Me ha hecho ver que aspectos son importantes en mi vida y en cuáles tengo que centrar mi tiempo. Y me ha hecho descubrir una fe que hasta ahora prácticamente desconocía pero que con seguridad seguiré construyendo.
Me marcho con ganas de más. Pienso que vemos tantas injusticias en los medios de comunicación que ya parece que es lo normal, que el mundo es así y no se puede cambiar.
Vuelvo consciente de que en el mundo existen injusticias al lado nuestra, consciente de verdad, sin necesidad de ponerle cara con mis propios ojos. Se que el mundo se encuentra en una situación complicada. Vuelvo con muy poca energía física pero con el corazón más lleno de vida que nunca y con la certeza de que el mundo si puede cambiar. Cambiémoslo nosotros. Seamos el cambio que queremos ver en el mundo.
Nacho.

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