Bendito lugar

Llegué a Alcuéscar motivada por las experiencias que había tenido en estos dos últimos años de acercamiento a varias realidades, por mis inquietudes y las ganas de “echar una mano”. Quizá mi motivación era mucho más social que a nivel de experiencia de fe, porque pensaba que en qué podría Dios sorprenderme ahora. Esta vez era distinto, no me iba a encontrar con mi familia claretiana, carisma desde el que intento crecer. Pero vayamos a lo importante, ¿qué he vivido?, ¿qué he sentido?

Puedo decirte que alegría, alegría en todo momento, pero también extrema pequeñez, porque me apenaba ver que tendemos a tratar como menos a nuestros abuelos, entrando a relacionar con los residentes de la Casa de la Misericordia, casa de acogida que hospeda, cuida y libera a quienes allí viven.

Fue curioso el momento en el que me dí cuenta de algo; haciendo las camas, vistiendo y revistiendo de sábanas, forros, edredones y mantas: tienen una dignidad abrasadora, unas ganas de vivir que no pueden ser frenadas,un ímpetu en la mirada que me llegaba a sobrecoger. ¿Por qué tenemos que ser nosotros los que imponemos la dignidad a veces?

Me sentía con dudas, nunca incapaz porque era una experiencia de Dios, y sobre todo acogida. Acogida por una gente que no me conocía pero que ya sentía familia. ¡Ahí estála grandeza de mi Iglesia!

El sentirte en familia aún sin haberte visto antes. Creo que con algunos ni hablé de Dios como tal, pero estábamos en comunión con lo que vivíamos.
Se reafirmó ese calorcito de hogar, familia, que es una de las cosas que me gusta resaltar.

Me parecía impresionante a mí misma, me preguntaba incluso si Dios existía, en medio de aquella casa de “locos” que podía parecer,”locos” residentes”,”locos” esclavos de María, “locos” colaboradores… Y mi reflexión era la siguiente: si consideramos locos a los residentes, locos a los que entregan su vida a su cuidado… Merece la pena estar loco, y es más, me apunto a esta locura del amor. ¿Quién te pide solo AMAR? ¿Quién, no solo limpia la basura que hay en tí, sino que te regala un corazón nuevo? ¿Quién te invita a perdonar, sin otro propósito que hacerte más libre?

¿De verdad no te apuntas al derroche de gratitud tras el Dios que se muestra en los pequeños?

Hablando de los hermanos,no puedo ocultar mi fascinación al descubrir su carisma,la coherencia con el mensaje de Jesús:tratar a los pobres como reyes. Al principio inquietante esa radicalidad de la entrega que viven a diario. Me daba hasta reparo estar al lado de ellos, era estar al lado de Jesús mismo.

Todo ésto está muy bien. Pero será auténtico si se plasma en mi vida con un compromiso. Ésa es mi tarea ahora, ir buscando respuestas a todas las preguntas que me surgieron en esos tres días en Alcuéscar.

No ha sido triste en ningún momento y si tuviera que describirlo en una palabra sería ESPERANZADOR.

Ojalá mi testimonio te sirva para despertar y mirar a Jesús a la cara, ¡ENCIENDE EL CORAZÓN!

Por: Elisa Barbero Valderrama

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